Escribe: Andrea Lubary*//Opinión//.
Dos conceptos centrales señalan agunos autores. Por un lado, están los que abonan la teoría de que la escuela pública es de todos y todos los niños y niñas son aceptados sin hacer ningún tipo de selección, ni de diferencias; en tanto la otra indica que la educación privada es para quienes pueden pagar, es decir que es para unos pocos y eso nos segmenta, fomentando el individualismo y la competencia. El concepto que subyace es el del paradigma consumista: ser es tener. La posición de los firmantes, docentes en actividad, invita a una reflexión, o al debate.
¿Escuela pública vs. privada?
En las grandes ciudades argentinas la mayoría de las familias opina que la escuela privada es mejor que la pública y, por lo tanto, hacen el esfuerzo económico, los que pueden, por enviar a sus hijos allí. ¿Por qué la mayoría de las familias cree que la escuela privada es mejor que la pública? Se trata de una batalla cultural que debemos librar todos los días: pienso que la escuela pública es mejor que la privada y a continuación explicaré mi punto de vista.
Los docentes se designan por puntaje, aunque hoy en nuestra provincia esto ya no sea así. Se intenta promover la solidaridad, la educación intercultural, la formación integral en derechos humanos y ciudadanía. La educación pública nos equipara, nos coloca como ciudadanos en un mismo plano, nos enseña que todos tenemos los mismos derechos, nos ayuda a fortalecer la integración y a reconstruir el tejido social.
En cuanto a la formación ecolar privada, para acceder debo pagar y como pago soy un cliente, y cuanto más pago mejor es el servicio. En la escuela privada si algún alumno tiene problemas, al año siguiente se le niega la vacante. ¿Enseñar a ralear al diferente es calidad educativa? ¿Eso es lo que quieren los padres/clientes?
Lamentablemente, muchas veces los padres quieren que todos los alumnos “sean iguales” y echan al diferente. En las escuelas públicas, los docentes hemos aprendido que somos todos diferentes y que esa diferencia nos nutre y enriquece, y que si un alumno presenta dificultades de aprendizaje, hay que enseñar solidaridad, rodearlo con los chicos, para que entre todos lo ayudemos a salir adelante. Y los contenidos se aprehenderán mucho más así, porque no hay mejor forma de comprender realmente un contenido que tratar de ayudar a un compañero a aprenderlo. Y si hay conflictos, hay un consejo de convivencia en el aula, o una asamblea de grado para debatir el tema. ¿En qué escuela privada ocurre semejante cosa? Y, si con todo esto no alcanza, están los Equipos de Orientación Escolar (EOE) en primaria y los de Asistencia Socioeducativa (ASE) en secundaria, para ayudar... con los alumnos dentro de la escuela...
Las escuelas públicas intentan enseñar de forma constructivista. A veces lo logran más, a veces menos, pero luchan por aplicar el diseño curricular, fuertemente constructivista, que es ley y por lo tanto debería aplicarse en todas las escuelas.
En las escuelas privadas, muchos padres añoran el conductismo que mamaron como alumnos. Por eso, la mayoría de los establecimientos privados son conductistas (justamente porque los padres son clientes y suelen, explícita o implícitamente, reclamar eso). Los supervisores de educación privada deberían controlar este tema. En algunos casos, la cuestión es escandalosa: la educación sexual es obligatoria por ley en todas las escuelas, en todos los niveles. En muchísimas instituciones privadas confesionales, el único método anticonceptivo que se enseña es la abstinencia.
Alumnos críticos y reflexivos
Uno de los pilares de la calidad educativa es la construcción de ciudadanía. Muchas familias sostienen todavía que “a la escuela se va a estudiar” (¡rémora de la dictadura!), por lo tanto exigen, explícita o implícitamente, que no haya centros de estudiantes, por ejemplo, porque esto “distraería” a los alumnos, “sería hacer política” y un sinfín de etcéteras. Las escuelas privadas (casi en un ciento por ciento) no tienen centros de estudiantes, verdaderos constructores de ciudadanía. En las escuelas públicas, cada vez –felizmente– hay más centros de estudiantes, porque cada vez son más los jóvenes que vuelven a interesarse por lo público. Se apunta a que los alumnos sean críticos y reflexivos, activos defensores de la democracia participativa desde el ejemplo, no desde escribir cien veces en el pizarrón “la Constitución debe regir”.
Y aquí me centro en otro terreno clave: “Lo que pasa es que en la escuela pública se hacen paros y en la privada no”, y se dice que eso mejora la calidad educativa de la escuela privada, cuando la cosa es justamente al revés. Cuando los docentes de escuelas públicas hacemos paros, enseñamos el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Cuando los dueños de las escuelas privadas presionan a sus docentes a no hacer paros, enseñan que los patrones pueden, impunemente, incumplir la Constitución Nacional y les enseñan a los alumnos a ser sumisos y obedientes, porque así se conservan los trabajos. Lo mismo ocurre con el derecho a la libre agremiación. En las escuelas privadas casi no hay delegados sindicales. Es decir, que allí se enseña, nuevamente, que el patrón puede incumplir impunemente el artículo 14 bis.
Dicen: “No hay que perjudicar a los chicos con los paros”. Yo pienso al revés. Se “perjudica” a los chicos enseñándoles a ser “sumisos y obedientes” en lugar de “críticos y reflexivos”. Se los perjudica cuando se impide a los docentes ejercer sus derechos constitucionales. En momentos en que en Chile millones de ciudadanos cuestionan el sistema educativo, en momentos en que miles de docentes de la Ciudad de Buenos Aires resisten el intento de borrar de un plumazo la columna vertebral de un sistema democrático de designaciones en los cargos, repito, plenamente convencida, que la escuela pública es mejor que la privada.
Por supuesto que hay mucho para mejorar. Los docentes de las educación pública, a partir de la reflexión colectiva sobre nuestras prácticas y luchando por una profunda horizontalización del sistema, lograremos avanzar hacia una educación popular, democrática, emancipadora e intercultural.
*Alumna del Taller de Producción Gráfica II, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP. Extensión Formosa.
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